Momentos Claves

Vivimos momentos históricos. Instantes que dependiendo de lo que elijamos y apoyemos, determinarán el futuro de Guatemala. Como guatemalteca, hay cosas que creo necesario expresar y compartir. Estudié biología y ahora, soy empresaria.

Como bióloga, tenía interés en recuperar ecosistemas. Sin embargo, al entrar en contacto con familias del área rural, me di cuenta de que para ellas había otra prioridad: generar ingresos. Esto les permitiría cumplir sus sueños: criar hijos sanos y educados; vivir en una casa linda con jardín y muchos árboles; prosperar y determinar su futuro. Sueños que anhelaban realizar en su propio país.

Como una actividad adicional, inicié conectando comunidades rurales con mercados nacionales y luego, internacionales. Cuando esta labor empezó a tomarme más de 40 horas semanales, decidí que era tiempo de estructurar algo formal. Fue así como en 2004 fundé una empresa. Si lo más importante era la generación de ingresos, lo lógico era crear una empresa. Después de 15 años, con orgullo puedo decir que soy empresaria. Estoy fascinada al ver cómo las empresas pueden ser herramientas de desarrollo. Creo en que las organizaciones que valoran lo ancestral, que recuperan ecosistemas y que incluyen a nuevas personas en sus cadenas de valor son clave para la transformación de un país.

Hemos trabajado en comunidades incubando emprendimientos rurales. He visto de primera mano cómo, cuando los ingresos llegan a los negocios y a las familias –especialmente a través de las mujeres–, todo cambia: los niños crecen sanos, y tanto ellos como los jóvenes van a la escuela y a la universidad; los hogares se transforman, las casas se ven lindas y con más árboles –tal como el sueño del que les hablé al inicio–. Estas cadenas de valor no solo transforman a las familias rurales, sino también a quienes trabajamos con ellas, a nuestros clientes, a nuestros aliados.

Para mí lo más impactante ha sido ver cómo, a través de la empresarialidad y el acceso a los mercados, cambiamos la realidad: la pobreza se transforma en prosperidad. La desesperanza y la inmovilidad, en esperanza y acción –que surgen al ver el cambio desde su origen–. Así demostramos que si somos muchos trabajando juntos, conectados desde los lugares remotos de nuestro país hasta los mercados globales, creamos cambios a gran escala.

Sin embargo, estos días veo la posibilidad de que se esfumen este esfuerzo y trabajo. Si algo tengo claro es que el terreno fértil de la empresarialidad surge del Estado de derecho. El terreno fértil del desarrollo humano, florece en el Estado de derecho. Estos días, todo está en juego.

Está claro que hay retos a todo nivel. No obstante, no es destruyendo las instituciones y el Estado de derecho como se superan. Se solucionan haciendo evidentes los problemas; mejorando los procesos y la forma de actuar de las instituciones públicas y privadas.

Si estamos de acuerdo en que lo que ansiamos es forjar un país en el que haya oportunidades para todos, no destruyamos el Estado de derecho. Al contrario, trabajemos para fortalecer las instituciones, exijamos que se respete la ley y que haya reglas claras. Si lo conseguimos, las empresas crecerán; habrá nuevas fuentes de ingresos, niños sanos, casas lindas, y sueños cumplidos en nuestra Guatemala.

¡No dejemos que esta posibilidad se nos escape de las manos!

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